CORPORACIÓN MUNICIPAL

Publicado en por Mariano Horno Liria

Corporación Municipal

 

                En más de una ocasión y hablando distendidamente con Mariano Horno, le expresé que con “residentes” (extrapolando al término entonces reciente de los médicos residentes) tan buenos como concejales que podría hacer una excelente labor de equipo. Sin entrar en detalle acerca de ellos, recuerdo con reconocimiento y afecto la labor de varios de ellos, Cristóbal Navarro, hombre fiel, eficaz, que llenó bien el periodo desde el cese de Mariano el 2 de enero de 1976 hasta la toma de posesión de Alcalde de Miguel Merino; J.L. Martínez Candial, economista de carrera, jovial de carácter; Sebastián Contín,  dinámico teniente alcalde de Cultura, que con muy escasos caudales, pero con los muchos caudales de su ingenio de la Alta Zaragoza, creó la estupenda colección de Cuadernos de Zaragoza, a veinte pesetas el ejemplar (que más adelante pasaría a ser a 35 pesetas), que permitió a los zaragozanos hacerse con interesante y práctica biblioteca de asuntos ciudadanos a muy poco precio; el modesto y estupendo Alférez, prudente, trabajador, sencillo de pechó con la delegación de Cementerios; Pilar Fernández Portolés, encargada de Parques y Jardines. La ciudad mejoró mucho en arbolado y zonas verdes, gracias a la diligencia del inteligente Rafael Barnola, el ingeniero jefe de Parques y Jardines. Alfonso Solans, quién se ocupó de la desagradable misión del tráfico y lo hizo todo lo bien que puede hacerse en ese espinado asunto; José María Lasheras, hombre polivalente, que podía con cualquier misión que se le encomendara, lo mismo que Primitivo Pemán, una de las mejores personas que pisó Zaragoza en el siglo XX, que a nadie negó su ayuda; son centenares los asuntos que ayudó a resolver para la ciudad y los zaragozanos; gran amigo de muchos lo fue más aún de Mariano Horno.

                Sebastián Contín tomó posesión de su cargo el primer domingo de febrero, que ese año fue el día 3, festividad de San Blas, patrono de las enfermedades otorrinolaringológicas y de los médicos de dicha especialidad, que era la cultivada por Contín. Por tal motivo le regalé dos roscones acompañados de la siguiente décima o espineta,

El uno por otorrino;

El otro por concejal;

Porque cuando falta pan,

Buenos son roscones finos,

hechos por horno divino,

que no por Horno Mariano;

y amasados con cuidado

por el glorioso San Blas

para Contín Sebastián

en día tan señalado.

 

 

Por Fernando Solana

PUBLICACIONES DE LA CADIERA Núm, 565

 

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