1ª Parte, TOMA DE POSESION DE ALCALDE DE ZARAGOZA

Publicado en por Mariano Horno Liria

1ª Parte de 8 artículos que completarán el discurso de Toma de Posesión de Alcalde de Zaragoza

 

25 – V - 1970

 Balcón del Ayuntamiento de Zaragoza

Hay momentos en la vida de un hombre que valen la pena de ser gozados. Este en que ahora me encuentro es uno de ellos. Yo no sé si mi pluma, a la que nunca fuera aficionado, habrá sabido escribir en estas cuartillas lo que en estos momentos pasa por mi corazón y dar fe del estado anímico en que me encuentro. Sin embargo, no he querido fiar a mi palabra, para mí más fácil y suelta, este acto, porque temo que la emoción me turbe y me haga olvidar involuntariamente algo fundamental, cosa que de ninguna manera quisiera.

 

Vengo en paz con Dios, tranquila mi conciencia, abierta de par en par mi alma y por gusto personal, a tomar posesión de la Alcaldía de Zaragoza, decidido a entregarme incondicionalmente de esta manera en el servicio de mi Patria.

 

Para llegar a este cargo, no puedo esgrimir otras credenciales ante mis conciudadanos que no sean: una historia familiar clara y fecunda desde el punto de vida político, una limpia ejecutoria de mi vida en todo momento y un ejercicio de actividad pública bien claramente desarrollado en varios campos a lo largo de muchos años.

 

Esta vara con la que me hacéis Alcalde, Sr. Gobernador, es una vara vieja, tiene cincuenta años y acaso poco valor material. Lo tiene, en cambio, para mí, muy alto espiritual. La empuñó mi padre en tiempos de don Antonio Maura, en circunstancias trágicas y difíciles en la vida del país. La llevó con gloria y honor, porque mi padre fue siempre hombre excepcional. Durmió bastantes años este bastón sin ser utilizado. Lo tomé yo en el año 1964 y procuré llevarlo de la misma manera, sin que desde entonces y hasta ahora lo haya dejado entonces y hasta ahora lo haya dejado. Cuando lo veo y lo utilizo, hay algo en que me indica cual es mi sitio, cómo debo actuar, por donde debo ir, como no debo desfallecer jamás. Es un recordatorio vivo de una época interesante de la vida española, de una generación de hombres valientes y, en fin, de un Alcalde tan poco corriente, que me enseñó, con su ejemplo, como en política se puede y se debe ser un señor, manteniendo limpiamente una postura digna de lealtad y de entrega total al servicio de España. La casa en la que fui formado y el estilo que a mi educación se dio, no fueron obra mía. Los recibí de Dios. Pero de tal manera influyeron en mí, que no puede nunca borrar su influjo, dándome esta manera especial de vivir, este modo de ser y de actuar.

 

Mariano Horno Liria

 

Contunuará…

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